Quizá la obra educativa que más urge en el mundo sea la de convencer a los pueblos de que sus mayores enemigos son los hombres que les prometen imposibles.
Ramiro de Maeztu
Ramiro de Maeztu
Cuando se toma la decisión de realizar una campaña política para un cargo de elección popular como el de la Alcaldía de Cali, indudablemente se empieza por hacer una evaluación del entorno, se busca identificar aquello que la comunidad señala como necesidad por suplir y se evalúa si se tiene la capacidad de asumir el reto y llevarlo hasta el final.
En este proceso surgen temas como el de la inseguridad, el desempleo, los desplazados, el déficit de vivienda, la falta de oportunidades para los jóvenes, las megaobras y tantos otros, pero por supuesto sale a flote el de la educación.
Y tal vez éste, además de ser una necesidad sentida, es un tema ante el que Argemiro Cortés tiene especial sensibilidad y ello no es gratuito. Si Argemiro Cortés es lo que es hoy, se lo debe, entre otras cosas a la Educación pública, a la buena educación pública a la que tuvo acceso desde sus primeros años, primero en el colegio Pedro Antonio Molina y después en Santa Librada y la Universidad del Valle.
Entonces queda claro que no es gratuito que para Argemiro la Educación sea el tema grande del cual se desprenden tanto soluciones como nuevas formas de abordar varios problemas.
No es secreto que durante años la educación fue la excusa ideal que aguantó toda clase de proyectos que agotaron los recursos del Estado y tristemente Cali fue de las que más se destacó en prácticas deshonestas que mandaron al traste las expectativas de tantos niños por estudiar y de paso le crearon una mala fama a los colegios privados que prestaban el servicio de cobertura. Gracias a esos comportamientos antiéticos, amorales y contrarios a todo comportamiento medianamente respetable, cuando algunos funcionarios de la administración municipal y concejales llenaron sus bolsillos y los de sus amigos haciendo uso inadecuado de los recursos de la educación.
Es indudable que ese fue uno de los más vergonzosos recuerdos que poco a poco fue siendo reemplazado por esfuerzos al interior de la Secretaría de Educación hasta llegar a ser hoy un modelo en planeación a nivel nacional y contar con varios de sus procesos certificados. Estamos, entonces, frente a una política pública del municipio en materia de educación que abordó la etapa de la predicción (el futuro deseado) y la etapa de la decisión (de procedimientos para toma de decisiones y evaluación de alternativas). Ahora esa política pública debe llevarse al tercer nivel y no por ello menos importante, el de la acción. Debe trascender el discurso y el papel y empezar a ponerse en práctica para que realmente como política pública cumpla con su cometido.
Y como política pública no debe importar solo la prestación del servicio para niños en edad escolar. Como política pública debe abordar el tema desde la primera infancia, pasando por el acceso a la educación superior de los bachilleres, sea a nivel profesional o técnico y tecnológico, hasta tener en cuenta a adultos o adultos mayores que teniendo algún tipo de formación pueden tener una posibilidad laboral o de autorealización, importante en la búsqueda de una sociedad más sana intelectual y sicológicamente.
Si queremos una sociedad mejor, una Cali más digna, respetuosa y desarrollada indudablemente la apuesta tiene que ser por la educación, para que sus ciudadanos puedan ser quienes tomen las riendas de su futuro y dejen de ser a los que se toma en cuenta solo para cada proceso electoral, para que a la comunidad se le mire con respeto, de igual a igual y como actores-interlocutores válidos en la toma de decisiones. Los resultados de una apuesta de esta clase se ven a largo plazo, los más beneficiados los niños no votan pero quien se dedica a la política debería tener como objetivo no solo renovar su caudal electoral y por tanto su poder, su meta debería ser dejar resultados, así estos solo sean tangibles en próximas generaciones. Bien lo dijo Andrew Jackson, el séptimo presidente de los Estados Unidos: los políticos piensan en las próximas elecciones, los estadistas en las próximas generaciones.